lunes, 14 de enero de 2019

En el último suspiro



La mujer extrajo del baúl el negro farol que habría de iluminar el gris de la lápida. Lo limpió, le dio barniz y escamondó el cristal para que brillase toda la noche. Introdujo una vela en su interior y cogió una cerilla para prender la mecha. La vela no iluminaba. Cambió la vela, consumió la caja de cerillas y probó suerte con un mechero. Se le agotaron las velas. Probó con una lamparilla de aceite, pero al cerrar la puerta de la farola, se apagó. Rebuscó y halló un artilugio chino, de luz permanente que simulaba una vela, pero no tenía pilas. Se acordó de una iluminaria cilíndrica que acumulaba luz y se hacía visible por la noche. Agarró el farol, se cubrió con la negra mantilla y cuando llegó al cementerio ya era de día.

martes, 1 de enero de 2019

La marca



Fue a buscar su bicicleta y se encontró con los restos del candado con la que la dejó atada. Con el trabajo que siempre le costaba abrirlo, ¿cómo es posible que lo hayan podido forzar tan fácilmente? Esto es cosa de hombres, pero se van a enterar, ella sabe dónde encontrarla, ya verás el próximo jueves, ya verás. Estaba segura que ningún chorizo del tres al cuarto se iba a fijar en la marca que ella le había hecho, de la que tenía hasta fotografías por si algún día se presentaba el caso en el que ahora se encontraba, porque ella era consciente que le cambiarían el color, le pondrían el sillín de otra, le modificarían el manillar, los pedales, el trasportín y por supuesto todos los adornos personales, pero lo que es seguro, es que no borrarían la marca identificativa y cuando ella se presentase con el municipal de la mano y la foto, se le iba a caer el pelo al pazguato que ahora pretendía vender su bici. Aquel jueves se recorrió toda la calle unas cuantas veces de abajo arriba y de arriba abajo, y todas las bicis que vendían de segunda mano, carecían de la marca que tan ansiosa buscaba, tan sólo hubo una que le parecía ligeramente sospechosa porque poseía todo lo que ella conocía de su bicicleta, pero no podía ser la suya: le faltaba lo principal, no tenía la marca que ella tan cuidadosamente había labrado en su día y ahora llevaba en la foto. Así que esperó al siguiente jueves. Y al otro, y al otro.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Huelguistas



El grupo de inconformistas permanecía sentado en sillas playeras en las puertas del Ayuntamiento. Hace días que se había acabado el caucho para fabricar tampones. No era posible dar el visto bueno a la situación de conforme en su nuevo contrato de trabajadores de la imprenta municipal.


sábado, 10 de noviembre de 2018

Huellas



Tan humano es sentirse joven como andar por el mundo reflejando en el rostro el paso del tiempo. Su caminar es pesado, ¿porque las varices no perdonan o porque dejó  en la cama al hijo que aún hay que mantener? Viste chaqueta de cuero, pantalón de felpa y bufanda de lana reliada al cuello; pasa junto a la falsa acacia y parece tener clavadas cada una de las espinas, que el árbol despliega de forma airosa. ¿Cuánto tiempo hace ya desde que el marido quedó postrado en la silla? Sus manos están descuidadas, pudieran ser las de un varón si las sacásemos de contexto ─observándolas lejos del brazo─. ¿Qué quiere decir la radio con eso del día de la mujer trabajadora? Mañana cambian la hora, pero es mentira, al día siguiente volverán a ser veinticuatro y le seguirá faltando una para poder llegar a fin de mes.

miércoles, 3 de octubre de 2018

Encuentro


Ante un hombre de piel negra, dos policías uniformados se detienen. Gorriones, palomas y tórtolas cesan en su incansable actividad, hasta un niño deja de botar el balón. El hombre mete la mano en su bolsillo, extrae un mechero y prende el cigarrillo de uno de los policías.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Hombre pegado a móvil



Se levantó por la mañana y notó algo extraño en la oreja; como aún no estaba bien despierto, no tuvo fuerzas para mirarse al espejo, así que encaminó sus pasos a la cocina, preparó la cafetera y mientras templaba la leche en el microondas, se acordó que tenía que llamarla. Puso la cafetera y preparó la tostadora, descolgó el teléfono pero no se acordaba del número: necesitaba el móvil para mirar en la agenda; el microondas emitió un pitido, volvió a darle, colocó la rebanada de pan, se fue al salón a buscar el móvil, olía a café recién hervido; no aparecía el móvil, se fue a la salita y desfondó el sofá; la tostadora lanzó las rebanadas de pan en la encimera, en la cocina olía a café requemado, volvió al dormitorio y buscó entre las sábanas y el edredón; se le estaba pasando el hambre. Se fue a la ducha y escuchó un fuerte chasquido como de explosión, abrió el grifo pero reaccionó rápido y corrió a la cocina: cortó directamente el  térmico del cuadro eléctrico, cerró el grifo de la ducha y volvió a meterse en la cama tapándose la cabeza con un cojín; en ese momento sonó el móvil, se activó el reconocimiento de voz y allí estaba ella. Por fin sus músculos encontraron laxitud.

martes, 28 de agosto de 2018

Un congreso de altura



El aire desplaza el polen de los álamos que impávidos se agarran dónde pueden para no acabar bajo la escoba del barrendero. La escoba envidia a los álamos porque jamás alcanzará su altura y el barrendero despotrica de los árboles que no hacen más que ensuciar el suelo. Así que cuando se celebró el Congreso de Brujas, a mediados de la primavera, a Juan, barrendero del barrio, se le ocurrió la feliz idea de invitar a todas ellas a néctar de madroño… ¡daban unos saltos!